El hermano en Cristo se arrepentía siempre de algún pecado, una y otra vez, y volvía a la iglesia, una y otra vez. Tuvo un accidente de automóvil y volvió al Señor. Le dio un ataque a la vesícula y volvió al Señor. Perdió su empleo y volvió al Señor. Lo echaron de la casa y volvió al Señor, arrepentido, muy arrepentido y lloroso. El Señor es como una clínica, la visita sólo cuando está muy enfermo. Nadie sabe quien sirve a quien. El gran lío ahora es que la puerta de la clínica no se abre ni con granadas y el devoto discípulo de Jesús está desesperado y con todas las puertas cerradas, todas.
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SOTANAS DE SATÁN
JAIME FARIÑA MORALES
ARICA-CHILE
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